El 20 de noviembre de cada año conmemoramos la Convención de Derechos de la Infancia de Naciones Unidas, el acuerdo de mayor consenso internacional sobre derechos civiles y políticos, y que fue ratificado por nuestro país en 1990. Desde entonces, jurídicamente el niño y la niña es considerado como sujeto de derecho y no solo como objeto de protección.
La Convención sobre los Derechos del Niño estipula los derechos humanos básicos que deben disfrutar los niños en todas partes, sin discriminación alguna: el derecho a la supervivencia; al desarrollo pleno; a la protección contra las influencias peligrosas, contra el maltrato y la explotación; y a la plena participación en la vida familiar, cultural y social.
Al celebrar el Día Internacional del Niñ@, reconocemos el papel crucial que desempeñan estos pequeñ@s seres en la construcción de un futuro mejor. Por tanto, es imprescindible invertir en su educación como herramienta para hacerlos fuertes, críticos, empáticos, solidarios y prepararlos para enfrentar los desafíos de la vida misma y que puedan dar respuesta a los problemas, aportando soluciones, y para eso tenemos que permitir que crezcan en un entorno creativo, aunque su creatividad, en ocasiones, “incomode” nuestro día a día.
Los niños representan la continuidad de la especie humana y el motor de la evolución social. Son seres en constante desarrollo, dotados de una inmensa capacidad para aprender, crecer y transformar el mundo que les rodea. Su curiosidad innata los impulsa a explorar, cuestionar y descubrir, convirtiéndolos en los principales agentes de innovación y cambio.

